En las calles del Alto Manhattan y Washington Heights, el sazón dominicano se huele a leguas. De no ser por los letreros escritos en inglés, cualquiera pensaría que se trata de una arteria comercial de República Dominicana. Pero no. Es en Nueva York, donde vive una gran cantidad de dominicanos que intenta sobrevivir dignamente, pese a los embates sufridos por la principal economía del mundo.
Una mujer sonriente y con una chapa de limón en sus manos invita a una vitrina que exhibe unos chicharrones capaces de seducir el gusto más refinado.
Más adelante, el maíz asado emerge humeante ante la vista de unos turistas curiosos, que se detienen a comprar con un fajo de billetes verdes. CONTINUAR LEYENDO ELCARIBE.COM.DO





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